
Todo comienza en la place d'Elmer, en Wandre, en la consulta del doctor René Rixhon. Allí, tras una puerta familiar para varias generaciones de habitantes, ejerció la medicina general a partir de 1956, durante casi medio siglo.
Su forma de practicar pertenecía ya a un mundo en vías de desaparición. Siete días a la semana, veinticuatro horas al día, del 1 de agosto al 30 de junio, permanecía disponible incansablemente. Julio constituía su único paréntesis; el resto del año no se concedía ningún respiro.
Pero reducir a René Rixhon a su entrega sería aún insuficiente. Porque no era solo un médico omnipresente: era una presencia. Un hombre que, poco a poco, entraba en la intimidad de las familias, compartía sus inquietudes, sus alegrías, sus duelos, y terminaba por pertenecer a su historia.
Vio nacer a numerosos niños de lo que ya no era del todo un pueblo. Cuidó a sus padres, acompañó a sus abuelos, a veces hasta sus últimos instantes. En muchas casas su nombre se transmitía con una forma de gratitud silenciosa.
Y fue en esta consulta, en esta sala de espera atravesada por voces, confidencias y esperanzas, donde su hija creció. Allí observó, casi sin darse cuenta, lo que significa realmente ser médico de familia: no solo curar, sino velar por vidas.

Diplomada en 1983, retoma a su vez la consulta familiar, como se prolonga una historia ya profundamente inscrita en la vida de un barrio. Durante más de treinta años ejerce una medicina de familia en el sentido más noble del término: la que sigue a las generaciones, retiene los nombres, reconoce los rostros y acompaña las existencias en la continuidad de los años.
En 2009, la consulta deja la place d'Elmer para instalarse en el 105 rue du Pont de Wandre, en unos locales concebidos para responder a las exigencias de una medicina contemporánea: un lugar más accesible, más luminoso, pensado para acoger a cada uno con sencillez y dignidad. Ahí es donde se encuentra todavía hoy el centro médico.
Pero más allá de los muros, lo que se prolongó allí fue, sobre todo, una cierta idea del cuidado. Cada paciente era recibido con la misma atención, sea cual fuera su historia, sus convicciones o su condición. Martine Rixhon mantenía con quienes cuidaba un vínculo de una rara humanidad, hecho de escucha sincera, de fidelidad y de apego recíproco.
En los años que precedieron a su fallecimiento, este afecto le fue devuelto con una fuerza particular. Numerosos pacientes estuvieron presentes a su vez, mediante su apoyo, sus gestos, su fidelidad discreta, dando testimonio de la profundidad de los vínculos que había sabido crear a lo largo de una vida consagrada a los demás.
El centro lleva hoy su nombre — Centre Médical Martine Rixhon — no como un homenaje petrificado, sino como la voluntad afirmada de mantener viva esta forma de ejercer la medicina: cercana, exigente, profundamente humana.

Hijo de la doctora Martine Rixhon, el doctor Pablo Beckers eligió tomar otro camino de la medicina: el de la biología clínica y de la microbiología. Es hoy jefe del laboratorio de serología del CHU de Lieja, mientras prosigue una actividad de consulta en el Centre Médical de Wandre.
Esta doble práctica, a la vez hospitalaria y de proximidad, sigue siendo rara en Bélgica. Crea un vínculo singular entre la exigencia de la medicina universitaria y la atención cotidiana brindada a los pacientes de la consulta. Gracias a ella, el centro se beneficia de una experiencia habitualmente reservada a las estructuras hospitalarias de referencia: interpretación especializada de los balances biológicos, atención y seguimiento de las infecciones de transmisión sexual, enfoque diagnóstico nutrido por la investigación y la experiencia académica.
Pero más allá de las disciplinas y de las generaciones, una misma idea atraviesa esta historia familiar. Una convicción simple y constante: la medicina no se reduce ni a actos ni a resultados. Se construye en el tiempo, en la confianza otorgada al médico, y en el respeto absoluto a cada paciente, a su historia y a su dignidad.

Desde 2024, el doctor Ghali Sqalli, médico especialista en alcohología y en toxicología clínica, se ha incorporado al centro a fin de desarrollar allí una consulta especializada.
La alcohología es una disciplina médica consagrada al acompañamiento de los pacientes en su relación con el alcohol: evaluación de los consumos, prevención, seguimiento terapéutico y atención de los usos problemáticos. Aquí, esta medicina se ejerce en el mismo espíritu que habita el centro desde sus orígenes: sin juicios, con discreción, paciencia y continuidad.
El acompañamiento se basa a la vez en la escucha clínica y en herramientas biológicas de alta precisión que permiten objetivar el seguimiento y ofrecer a los pacientes un marco médico riguroso, respetuoso y transparente.
A través de esta nueva consulta especializada, el centro prosigue naturalmente su evolución, sin renegar de lo que constituye su fundamento desde hace tres generaciones: una medicina atenta a las personas ante todo, basada en la confianza, la duración y la dignidad de cada uno.
La misma exigencia. La misma atención dedicada a los pacientes. Una nueva generación de especialistas, fiel al espíritu del lugar.